¡ES LA PSICOLOGÍA, ESTÚPIDO!

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Parafraseando el slogan de Bill Clinton, ¡Es la economía, estúpido!, en su primera campaña presidencial, quien lo dijo en una entrevista televisiva para criticar al viejo Bush que estaba centrando su campaña en temas políticos e ideológicos, como corolario a la “tormenta del Desierto”, la guerra contra Irak y Hussein que acababa de

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ganar, me permito usar el encabezado de este artículo. En esa oportunidad Clinton se dio una palmada en la frente y dijo algo así como ¡Es la economía, estúpido de mí!  Y con  ello, convirtió el tema de la economía, que no andaba bien en USA en esos momentos, en el tema predominante en la agenda electoral. Pues bien, en estos momentos de crisis mundial, muchos pensadores están cuestionando los cimientos de la teoría económica predominante con algo parecido: El factor psicológico es muy importante y quizás más importante que los elegantes y racionales esquemas de la teoría económica, para reactivar la economía mundial.

Así lo afirman Robert Shiller (Profesor titular de la cátedra Arthur  Okun de Economía de Yale) y George A. Akerlof (Koshland Professor de Economía de la Universidad de California, Berkeley) en su reciente  libro “Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and Why it Matters for Global Capitalism”, Princeton University Press, 2009. Los autores afirman que los textos de economía enseñan los beneficios  – y sólo los beneficios – de los mercados libres. Este paradigma, predominante en el mundo desde el famoso neo-monetarismo de la Escuela de Chicago en los años finales del 60 y en los 70, encabezada por Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía, sostiene que el capitalismo es esencialmente estable y no necesita de la intervención del Estado. De acuerdo con este premisa, que data desde Adam Smith, si la gente en los mercados libres persigue racionalmente su propio interés económico, agotarán las oportunidades mutuamente provechosas para producir e intercambiar y eso hará que el mercado se auto regule. economia-mundialEsta proposición, tomada por ley del mercado por los monetaristas y neo liberales, se sostiene sobre el supuesto de que los seres humanos actuamos racionalmente cuando tratamos de lograr nuestros intereses económicos.  Shiller y Akerlof piensan que esta teoría se queda corta porque no explica las causas de  por qué la economía se mete en épocas de “montañas rusas” con altibajos dramáticos, como el bajón que estamos viviendo ahora. También concluyen que el principio de que hay poca necesidad de intervención del Estado es “simplemente errado”.

Los autores sostienen que la teoría básica de Adam Smith explica lo que pasa “cuando los seres humanos se comportan racionalmente en la búsqueda de sus intereses económicos”, pero nuestras motivaciones no son solamente económicas. Algunas transacciones son decididas con base en valores éticos, sentido de equidad, justicia y hasta el honor. También por motivos totalmente irracionales, equivocados, emocionales y hasta perversos. Como sostuvo John Maynard Keynes, nuestra base de conocimiento para calcular ganancias a 10 años o más de cualquier inversión (acciones de ferrocarril, minería, una patente de medicina, etc.) se basa en muy pequeños elementos racionales y con frecuencia en nada. Ese tipo de decisiones  sólo puede atribuirse a “espíritus animales” (animal spirits).[i] Vale decir, a motivos irracionales, emocionales y hasta inconscientes.

ESPÍRITUS ANIMALES Y EL CAMBIO EN LAS ORGANIZACIONES

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Con frecuencia observamos a gerentes que quieren mejorar las operaciones y el desempeño de sus empleados y trabajadores en sus organizaciones. Para lograrlo pueden escoger entre una gran diversidad de enfoques y técnicas. Muchas de ellas, basadas exclusivamente en enfoques racionales. Es decir, basan sus acciones en la supuesta racionalidad de los seres humanos que integran la organización. Por ejemplo, con esquemas y técnicas modernas del campo de la ingeniería se estudian procesos, se describen funciones, se toman tiempos y se diseñan manuales para lograr una estandarización ideal de los procesos, incluyendo el manejo de las “mejores prácticas”. Es un enfoque útil, pero insuficiente. El uso de modernas técnicas de la ingeniería es una condición “necesaria” para optimizar procesos, mas no suficiente, como nos enseña cualquier libro de diseño de investigaciones científicas. Queda por incorporar la parte de los “espíritus animales” de los seres humanos, protagonistas del trabajo en la respectiva empresa.

Recientemente leí en un libro de coaching y gerencia que se debe ignorar eso que llaman el inconsciente y centrarse en “resultados concretos”. Aunque a primera vista pueda lucir atractivo para un empresario o para un gerente que está legítimamente interesado en “resultados concretos” – vale decir numéricos y financieros – equivaldría a afirmar que habría que hacerle una lobotomía a los trabajadores para que no les funcionara el sistema límbico o mente ascendente, en donde residen muchas de las funciones creativas, holísticas y emocionales del pensamiento humano. Las funciones del cerebro son dos: pensar y sentir para darle significado a los estímulos del entorno y a nuestras experiencias. Sabemos que una cantidad enorme de procesos emocionales y aparentemente racionales se producen en los niveles no conscientes  de nuestra mente. ¿Cómo descartar mecánicamente la mayor parte de nuestras funciones mentales? Equivaldría a ordenar a las personas que “traigan su cerebro al trabajo y dejen su corazón en otra parte”. Aunque luzca o suene sencillo y, por eso atractivo, para gerentes y empresarios “prácticos”, no es nada viable, ni rentable

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La gente da lo mejor de sí, cuando quiere y nunca quiere por imposición. O lo que es lo mismo, existen incontables evidencias de que un liderazgo inspirador, que tome en cuenta tanto el desarrollo cognitivo racional de las competencias de los empleados como su mente inconsciente y sus emociones es mucho más eficiente y eficaz que una mesa coja de algunas patas, basada en un enfoque racional necesario pero no suficiente para enrolar de verdad a las personas que constituyen una organización.

[i] John Maynard Keynes (1936, 1973). The General Theory of Employment, Interest and Money. New York: Macmillan, pp 149-50, 161-2.

 

 

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2 pensamientos en “¡ES LA PSICOLOGÍA, ESTÚPIDO!”

  1. Me han gustado sus enfoques.Incluso me voy pensando que la causa mayor por la que nuestros economistas nunca aciertan el camino, es que en esas Universidades donde creen ser los mayores expertos, han olvidado lo mas importante: diseñan ganancias, tiempos venturosos, pero no saben calcular cuando los círculos se cuadran, o peor aún, se vuelven cúbicos. Para eso no saben, no contestan. Así nos vá. Por eso es que siempre en asuntos contables y económicos me remití a lo que mis padres me enseñaron: Nunca hay que estirar el pie mas de lo que da la manta. Y confieso que no me ha ido mal. Cordiales saludos.

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    1. Gracias Beatriz por tu comentario. Creo que el paradigma económico predominante puede ser mejorado. En cuanto a los políticos que son electos, sigue siendo un problema psicológico relacionado con la enfermedad del poder y la necesidad de enseñar a las sociedades a “no estirar el pie mas de lo que da la manta”. Saludos cordiales.

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